7 oct. 2016

La cordura de la locura y viceversa - 1ª parte

¿Saben? Algunos de nosotros nacimos con una maldición: Como he dicho en una ocasión, los que nacimos con principios en un mundo completamente inmoral e infame, estamos fuera de órbita a punto de colisionar, quizás con nuestros propios principios porque no son aplicables a la realidad moderna porque esta realidad no tiene más medios para los principios, tan sólo se acerca a sus fines injustificables…¿Quién quiere salvar una raza asesina y a la vez suicida por naturaleza? 

Muchos de mi clase, hemos salido de familias disfuncionales y hemos enfrentado cosas aberrantes que muchos sólo conciben en el pellejo ajeno quizás como quien escucha un cuento surrealista o un guión de una película de cine negro. Hemos sobrevivido a terribles sucesos en nuestras vidas personales, hemos estado anímicamente muertos - muchas veces también clínicamente - y la vida insiste en mantenernos respirando, dotándonos de un instinto feroz de supervivencia, un tanto terco, y con el pasar de los años y a pesar de las desgracias, hemos adquirido una extraña sabiduría y hemos desarrollado dones maravillosos y el “peor” de todos: La sed de conocimiento a través del aprendizaje más obstinado con un obsesivo interés por todo que nos rodea. 

 Pero ¿para qué las personas como yo necesitamos tanta información? 

Dime lo que has aprendido y te diré qué te matará o te hará immortal. 

Tengo delante la muerte. La humanidad está muriendo a pasos acelerados, cancerosa, podrida, desagradecida, ciega e ignorante de su divina inmensa belleza y misterio . La muerte siempre me ha recordado ser una gran liberadora de esta dimensión dolorosa y densa donde nada es lo que parece y lo que es, no se ve. Ni siquiera ella “la muerte” -que nos muestra su peor cara a través del miedo - es lo que aparenta, pues sólo vemos sus causas y efectos, su fealdad o brutalidad, pero no su majestuosidad ni su justa función en el Universo. Tampoco es que apreciemos la vida en contrapartida, porque la muerte atroz, brutal y antinatural hemos diseñado al antojo de nuestros demonios más grotescos y perturbadores. 

En mis inicios del recorrido por el infierno, en mi bote salvavidas, ya empecé apartando cadáveres y zombis con mi remo en las aguas de mi existencia. Mi vida empezó muy turbia dirigida por gente muy enferma… Gente de mi propia sangre, moralmente alienados, histéricos; víctimas de víctimas creando otras víctimas. Me han causado muchos daños creándome grandes enfermedades psíquicas y en el paquete han incluido la responsabilidad de mi cura en mi futuro que ya ha llegado hace tiempo; y aquí estoy, siendo responsable el resto de mi vida en curarme del atropello que me ha roto en mil pedazos y no tengo que saber el porqué, pues ya lo sé… El caso es la aceptación y el perdón. Por un polvo mal dado, han decidido traerme a este mundo - que seguiría bello sin humanos - sin pensar en las consecuencias porque ellos mismos fueron consecuencias de errores tras errores sin ánimos de aprendizaje positivo alguno en su trayectoria vital. La ignorancia no piensa en nadie más que en su propósito: “Perpetuarse a través de un coito carnal o mental entre dos ignorantes, para crear un tercero… Y de este tercero hacia el infinito…” 

Pero he nacido curiosa, cosa que me ha liberado de la condena de perpetuar la abominación a pesar del miedo intenso traducido en agresividad contra mi misma y los demás - agresividad que,  muchas veces me ha salvado la vida pero que también me ha enfermado - y que me ha acompañado durante décadas… Pero este miedo no me ha matado, sólo me hizo cada día más fuerte contra él mismo, hasta que dejaré de serlo, porque todo combustible se agota. Todo se deteriora… Agoniza, Muere o se transforma… ¿Yo que sé? Se supone, de momento… 

He conocido el poder de la lectura muy temprano y he recorrido mercadillos en busca de libros que me diesen respuestas a la conciencia de mi infortunio que ha empezado a dar frutos a los ocho años de edad llegando a su momento crítico decisivo a los trece donde yo sólo tenía tres opciones: Matar a mis enemigos, morir de un mal golpe de ellos o salir desperdigada por un mundo completamente desconocido sin tener ni idea de donde estaba el norte. 

Al desaparecer de la vista de mis verdugos, he volcado mis ojos en los temas de auto-ayuda, psicología, filosofía, teología, ciencias, política, espiritualidad, historia, hechos reales en relatos parecidos a mi historia, en fin, todo tipo de gnosis con la mente temprana en las estrellas y en toda belleza pequeña o grande a pesar de tanto dolor, aunque tan sólo hace unos años voy entendiendo con claridad lo que enseñaban las millones de páginas que he leído incluso sin tener donde dormir, con un ojo abierto y otro cerrado para poder despertar con vida al día siguiente… Muchas veces me despertaba con la gente mirándome, como quien se pregunta: “¿Qué hace una niña de la calle con un libro en el regazo otros cuantos a su lado, sucia y sin zapatos?” 

Vivía cargando libros. Era mi refugio. 

Por fortuna, estaba con mis pies en la tierra codeando con el pópulo más “bas- fond” del universo terrenal con todo tipo de enfermedades del cuerpo y del alma, vagando por las calles de Rio de Janeiro - uno de los infiernos más paradisíacos del planeta - y resulta paradójico que entre la marginalidad y la suciedad aparente de las personalidades que he conocido, he encontrado los corazones más nobles, tolerantes y generosos entre pistolas, plumas, cuchillos y tacones; delfines y tiburones; sirenas, harpías, gorgonas, esfinges, serpientes, perros rabiosos y leones… Lo que he visto y experimentado no tiene nombre, sólo historia, y puedo contarla. Todo empieza con el impacto brutal de una inocente niña abusada, humillada y abandonada por su propia familia pero con una suerte abrumadoramente tenaz que me permitió ser rescatada por personas, aunque anónimas, portadoras de mentes brillantes y cuando no, con una tierna humanidad oculta tras sus aspectos amenazantes, quienes me dieron la más eficaz educación del mundo… Pero todo tiene su precio y de esto se trata. Así estoy viva hoy y de tanto que busqué la muerte consciente o inconscientemente, de momento sólo la veo llevándose a los demás… Gente que merecía estar viva. Mis padres adoptivos ya están muertos, otros se están muriendo... En breve serán polvo de estrellas… De modo que debo y voy honrarlos con las letras que siempre me empujaron a la libertad haciéndome comprender, a veces, lo incomprensible... 

 Continuará… quizás... 
 Andréa Cristo 2016
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