18 ago. 2016

Recuerde: El que se burla de la vejez, inexorablemente envejecerá

Arnold schwarzenegger - Fuente: www.aztecanoticias.com.mx


¿Qué pasa con la gente? ¿Qué obsesión es esta con la juventud?

Veo por ahí estos artículos de chismes que me caen encima, donde coleccionan fotos del antes y después de las celebridades que están envejeciendo como si esto fuese un crimen y luego se burlan como idiotas de las medidas que toman para intentar detener este proceso. Y para más INRI, estas celebridades (que son “humanos” como nosotros, no dioses o extraterrestres) se hacen cirugías estéticas que les deja con caras inexpresivas como si hubieran puesto una máscara de cemento, presumiendo de un aspecto terrorífico, con rasgos completamente artificiales. Creen que están bellos, pero todos sabemos que no es así. Esto genera mucho morbo que se retroalimenta hacia el infinito. Pero lo que me consuela ante toda esta “payasada” es que los mismos que señalan el envejecimiento ajeno, también envejecerán, es decir, tendrán tripa, se les caerán los párpados, los pechos, las nalgas, se les arrugarán los lábios y se les crecerá las orejas, la nariz, perderán libido, flexibilidad, entrarán en la menopausia o la andropausia, tendrán menos visión, escucharán mal – entre otros fenómenos del envejecimiento.

Parto del principio que cada uno hace lo que quiere con sus cuerpos. Pero el problema es que no están haciendo lo que quieren, sino que están atendiendo una demanda hostil de la industria de “la belleza y la moda” además de la opinión pública - que no pasa de un bando de gente frustrada que se nutren como vampiros de la vida de los demás. 

Opiniones absurdas y crueles de gente que va arrugarse más que una patata podrida como todos los demás mortales.

Señores, la gente envejece y es un privilegio.

Sé que vivimos en un mundo donde la apariencia física y las posesiones son una obligación infame, pero debemos comprender que envejecer es inevitable, como es inevitable morir. Todos tenemos – en mayor o menor grado – miedo al hecho de que la muerte es la única certeza de la vida. Es normal temer al desconocido que se presenta como un hecho inexorable, pero no sirve de nada huír evitando abordar esta realidad. En mi caso no temo a la muerte en sí, sino del proceso que me espera, es decir, la agonía por la que probablemente pasaré si no tengo la suerte de que mi muerte sea fulminante. La gente teme la muerte violenta, tanto que ni siquiera se atreven a hablar de ella, pero el mejor antídoto para el miedo es enfrentarlo. La muerte violenta nos aterra, es cierto, pero de algo hay que morir, fríamente hablando. Y como me decía un fallecido amigo mío de nacionalidad francesa “no es posible morir en buena salud”. Si alguién te asesta una puñalada  - o varías -  tu salud se ve irreversiblemente deteriorada y mueres, aunque gozaras de buena salud antes de esta violenta forma de morir. De modo que no puedes decir que: "Fulano estaba lleno de salud y lo mataron". Es una verdad a medias. Estaba lleno de salud hasta que alguien arrebatara su vida.

Por otro lado si vives obsesionado con la muerte, no vives. No sales de casa. Vives protegiéndose de algo que no podrás evitar. El miedo a la muerte es a la vez el miedo a vivir. 

Yo tengo una costumbre de conversar con la muerte y sé que sonará raro para mucho de ustedes, pero podemos conversar con aquello que nos aterra. Yo uso el argumento del “último deseo” cuando hablo con mi futura muerte. Le digo exactamente como quiero morir. Muchos pensarán que pido para morir durmiendo o en coma. Pero no. Pido para que me deje morir lo más rápido posible ante cualquier circunstancia que envuelva mi momento final. Pido que el sufrimiento sea breve y mejor si no hay sufrimiento. Pero si me enfermo, pido que mi enfermedad - si es letal - sea compasivamente rápida al matarme. La muerte no es un fenómeno natural “malo”. Es lo que es… Simplemente el cese de las funciones vitales y punto. No hay escapatoria. Así que... A negociar con ella, si es que surte efecto, pues en mis creencias personales, tanto la muerte como la vida son dos entes inteligentes y conscientes. Y si lo son, te escuchan porque estás sujeto a estas dos leyes implacables... Pero mis creencias no son una prueba de nada. Son sólo creencias siempre sujetas al cambio, pues soy muy flexible a nuevos conocimientos.

Dejando de un lado la muerte, vuelvo al tema del envejecimiento. 

Yo estoy envejeciendo y me alegro mucho. Sólo que tampoco quisiera envejecer demasiado al punto de depender de máquinas, medicamentos o ayudas para continuar viviendo. Pero tampoco podré impedir nada si es esto que la vida me prepara. Cuanto la apariencia física, parto del principio que cada edad tiene su belleza y la mayor de todas es la sabiduría adquirida. Amo charlar con los mayores y que me cuenten sus historias, sus vivencias. Antes solía ir a las residencias de ancianos y hospitales psiquiátricos (cuando he vivido fuera de España, donde permiten estas visitas humanitarias) para compartir mi calor humano con aquellas personas que fueron completamente abandonados por sus familias, y entre ellos, he encontrado un montón de profesores, incluso profesores universitarios de todas las disciplinas, una bailarina muy coqueta, un doctor en medicina con Alzheimer, muchos músicos, cantantes y gente que ha vivido la guerra en su infancia entre otros personajes que tenían mucho que contar. La mayoría estaban muy deprimidos, pero habían los que tomaban la situación con naturalidad, diciendo la famosa frase que no me gusta nada: “La vida es así” - no tiene porqué ser así porque somos nosotros quienes creamos el dolor, nuestro y ajeno. Hay hijos que se vengan de sus padres (por millones de razones aparentemente justas o injustas) condenandolos a la imposibilidad de vivir sus vidas en libertad hasta el final, metidos en estas cloacas donde gente desconocida les manosean de mala manera y les tratan como “estúpidos" sin tener en cuenta su recorrido vital o sus sentimientos. La gran parte de los ancianos son conscientes de esto, por más que su salud mental esté deteriorada. He aprendido mucho con ellos y si pudiese, sacaría a todos de estos lugares para ponerlos en una comuna residencial donde tuviesen su propia casa, su intimidad y poder disfrutar de la libertad de ir a una playa o pasear por senderos del bosque ejerciendo el derecho fundamental de ir y venir cuando les plazca. Sé lo que significa sentirse abandonado... Pero la soledad es muy agradable de manos dadas con la libertad.

En la isla de Córcega (Corse), donde he vivido un año, hay una residencia de este estilo, donde cada anciano tiene su propia casa. Se llama “Residence Tramariccia” en la localidad de Calvi. Por desgracia está reservada sólo a los pudientes. Me agota esto de las clases sociales que todo puede, porque en mi concepto todos tenemos derecho a vivir y morir con dignidad, y no encerrados como a criminales en una residencia de mala muerte que parece un hospital macabro con enfermeras con cara de pocos amigos, que a menudo, odian su trabajo. En este mundo hasta para envejecer y morir hay que pagar e incluso pagando no te tratan como te mereces. Trabajaste tú mismo toda la vida para pagar estos lugares donde estás literalmente encerrado con gente a quienes les importa un rábano. Esto me revuelve las tripas, porque por peores que hayan sido en sus juventudes, un anciano ya está condenado a muerte, y lo sabe. ¿Por qué no dejarlos pasar sus últimos días en paz? Por peor que hayan sido no podemos cambiar sus pasados ni lo que han hecho de sus vidas o la vida de los demás… Ellos tampoco. Hablando con ellos, muchos se arrepienten de sus errores – a veces muy graves - y no hay peor dolor que la culpabilidad en esta edad. La angustia de reconocer que podían haber sido y actuado de mejor manera en sus vidas, les azota día tras día y el tiempo se ralentiza. Desean morir. Esto debería ser suficiente para algunos adeptos a la venganza. Pero no lo es. Los ancianos que cometieron crímenes a veces mueren en la cárcel… Ya no tenemos tiempo para esto. La cárcel no reforma a nadie además de ser otro negocio. Pero esto ya sabemos todos. Sin embargo, no voy a entrar en este trapo ahora. Lo haré en otro artículo.

Para terminar, todos ustedes que se burlan de la vejez, ya tendrán su momento de pedir respeto por la suya, cuando llegue. Esta es una certeza tan absoluta cuanto la muerte. Tomen nota y traten de no arrepentirse... La culpabilidad es una tortura muy severa.



Andréa Cristo.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...